- 16/08/2025
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Del Derecho Inmobiliario al Legaltech
Autor: R. Álvarez
Si algo he aprendido en estos años, es que no existe una sola forma de ejercer el Derecho. En mi caso, decidí construir una carrera que no se limite a lo jurídico, sino que conecte con los negocios, los datos, la estrategia y la tecnología. Soy abogado, sí, pero también he sido gestor, consultor, negociador, emprendedor y, hoy, desarrollador de producto en una plataforma de inteligencia artificial aplicada al ámbito legal.
Empecé mi carrera en el estudio Grau, primero como practicante de Derecho Inmobiliario y luego como asociado. Tuve la oportunidad de trabajar en temas complejos y de gran escala: desde saneamiento de títulos en zonas rurales hasta procesos de reasentamiento poblacional para proyectos mineros, cementeros, petroleros o agrícolas. Era una labor técnica y también de campo, donde no solo había que entender el marco legal, sino también saber dialogar con comunidades, identificar riesgos sociales y construir consensos. Más adelante, me enfoqué en proyectos urbanos e inmobiliarios más tradicionales, lo que amplió mi perspectiva tanto social como económica. Esa etapa me enseñó el valor del trabajo en equipo, la importancia del detalle y, sobre todo, que el
Derecho es mucho más que leyes: es relaciones humanas, decisiones estratégicas y visión de largo plazo.
Con el tiempo, sentí la necesidad de entender por qué las empresas toman las decisiones que toman. En un estudio, normalmente uno trabaja sobre problemas ya generados: el cliente llega con el conflicto y espera que lo resuelvas. Pero yo quería ir más atrás, al origen. Quería entender qué decisiones los provocaban, qué procesos podían mejorarse, cómo anticiparse a lo que iba a fallar. Esa inquietud me llevó a buscar experiencia como abogado in-house.
Me moví al sector corporativo. Trabajé en empresas como Banco Falabella y Unique – Yanbal, donde comprendí las necesidades reales de los clientes internos, sus tiempos y los criterios con los que evalúan a sus asesores externos.
Renegocié contratos, rediseñé procesos, gestioné presupuestos y trabajé codo a codo con áreas como ventas, marketing, operaciones y cumplimiento normativo. Fue una etapa de aprendizaje acelerado, donde comencé a pensar como empresario, no solo como abogado.
Queriendo profundizar más en ese enfoque, decidí hacer un MBA en IE Business School, en Madrid, optando por su programa internacional en inglés. Quería salir de mi zona de confort, aprender de personas con experiencias y culturas diversas y probarme en un entorno exigente. Fue una de las mejores decisiones que tomé. No solo aprendí sobre estrategia, finanzas y liderazgo, sino que entendí el valor de gestionar diferencias, resolver conflictos con equipos diversos y construir consensos aun cuando las visiones chocan. Fue un año transformador.
De regreso, me uní a una startup global como WeWork, donde asumí el rol de Director de Real Estate & Special Counsel. Negocié contratos complejos, alineé operaciones legales e inmobiliarias con estándares globales y contribuí a que nos convirtiéramos en el mayor arrendador de oficinas prime del Perú. Pero más allá de los logros, viví la intensidad del mundo startup: cambios estratégicos constantes, adaptabilidad diaria y la necesidad de moverse rápido.
Luego vino una etapa como consultor independiente, que recomiendo a cualquier abogado porque te mantiene activo y conectado con la realidad. Después, asumí la Subgerencia de Gestión Comercial en la Sociedad de
Beneficencia de Lima, donde administré más de 200 inmuebles (más de 4,000 si consideramos subdivisiones). Profesionalmente, fue mi etapa más gratificante
a nivel humano. Pude ver de cerca la necesidad de las personas más vulnerables de Lima y, en muchos casos, ayudarlas, aunque a veces, por más que uno quiera, simplemente no se podía. Esta experiencia me permitió ser más consciente de las necesidades de mi país y del hecho de que, extendiendo nuestra mano y ayudando al prójimo, podríamos construir una sociedad mejor. Claramente, hay mucho por hacer.
Actualmente, el proyecto que más me representa es Juztina. La fundamos para transformar la forma en que se hace análisis legal, usando inteligencia artificial. Empezamos con una idea, luego con otra y luego con otra más –y es que así es emprender–. No todas las ideas son buenas. Hay que investigar, probar, validar y seguir adelante. Hoy estamos encaminados, pero sé que habrá momentos buenos y difíciles. Lo que me da tranquilidad es que tengo un equipo con el que sé que superaremos cualquier obstáculo. Lo mejor es que cada día aprendemos algo nuevo sobre cómo mejorar la experiencia del abogado: hacerlo más rápido, más preciso y más estratégico en su práctica.
Este aprendizaje ha llevado también a la reflexión e introspección, y a la necesidad de tocar un tema que muchas veces se evita en el mundo del Derecho: la salud mental. El mundo legal está lleno de estrés, jornadas interminables, deadlines y responsabilidades enormes. He visto a colegas atravesar depresiones o burnout, y yo también pasé por eso. Es importante entender que estas etapas pueden ocurrir. Por eso, debemos cuidar nuestra
salud, reconocer las señales y saber que buscar ayuda está bien y es necesario. Con Juztina, espero que también podamos contribuir a aliviar esa carga laboral que tantos abogados enfrentan.
Como habrán visto, mi perfil ha ido evolucionando, y no creo en etiquetas cerradas. Mi vida profesional ha sido una constante intersección entre el Derecho, los negocios, la tecnología y las operaciones. Me apasiona resolver problemas complejos y encontrar eficiencia donde otros solo ven procesos estáticos. Creo que no se trata de trabajar más, sino de trabajar mejor, con inteligencia, balance y propósito. Hoy sigo aprendiendo, explorando y construyendo. Porque para mí, la verdadera práctica del Derecho no está en repetir fórmulas, sino en saber adaptarse, innovar y tener impacto.


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